La palabra Chocolate deriva del azteca «xocolatl», cuyo significado es «agua espumosa», denominación que era utilizada por los Olmecas (1500- 400A.C.), por los aztecas (1400 A.C.), y posteriormente por los mayas (600 A. C), la cual se utilizaba para identificar una bebida amarga, de fuerte sabor, y gran valor energético. Fue Cristobal Colón, en su cuarto viaje a América en 1502 el primer europeo que tuvo contacto con el cacao, en una breve escala de viaje que hoy es Nicaragua, donde descubrió que los indígenas consumían una bebida fuerte y amarga que les aportaba fuerza y vitalidad, aunque al parecer el conquistador de América no notó la importancia alimenticia de esta particular bebida.
Hoy se sabe, que el chocolate posee propiedades beneficiosas para la salud al ser nutricionalmente completo, sin embargo se discute su poder adictivo, ya que se habla bastante de individuos “Chocohólicos”, es decir adictos al chocolate, especialmente en las mujeres que poseen un deseo de consumo intenso que no pueden reprimir.
Pese a que no existen explicaciones científicas para esto, algunos investigadores mantienen la hipótesis que una sustancia es la responsable: LA FENILETILAMINA, la cual es similar estructuralmente a la anfetamina y anadamina cuya estructura también es similar a la canabis.
Ahora bien, ¿Qué tienen en común el amor con el chocolate? La FENILETILAMINA también se vincula con el enamoramiento, puesto que al inundarse el cerebro con esta sustancia, este responde mediante la secreción de dopamina, (neurotransmisor que participa en las respuestas de refuerzo, es decir en la capacidad de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxitocina (además de otras funciones parece ser un mensajero químico para el deseo sexual) que tras su activación, comienza el trabajo de los neurotransmisores que se relacionan con los arrebatos sentimentales. La combinación de estos componentes hacen que la pareja pueda permanecer horas haciendo el amor y pasar noches enteras juntos sin sentir sueño ni cansancio alguno.
El vínculo de la feniletilamina con el amor se origina con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, los cuales plantearon que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que se experimentan al estar enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados "de males de amor", una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de feniletilamina. Según su hipótesis el denominado por ellos “centro de placer del cerebro” comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando.
Chamile.
Chamile.
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